Ella terminaba de hacer ejercicio cuando sintió un dolor en el pecho y se tocó uno de sus senos, en ese momento sintió una pequeña bolita. Fue así como Gloria Esperanza Rocha Garay, comerciante de la Plaza Distrital de Fontibón, se dio cuenta que algo andaba mal en su cuerpo.
“Era 2013 yo terminaba de hacer ejercicio y me sentía muy cansada, me estaba doliendo el pecho y me puse la mano en el seno, me sentí una bolita y de inmediato fui al médico. Iba con mucho temor. Me mandaron hacer la mamografía, pero antes de hacerme el examen me di cuenta que era malo, porque la cara de la médica cuando me revisó, no fue buena”, recuerda Gloria Esperanza.
Inició el proceso de recuperación al lado de su esposo, hijos y hermanas. Tuvo acompañamiento psicológico. Le pusieron 4 quimioterapias rojas, le hicieron una cirugía, le colocaron 12 quimioterapias blancas y 20 radioterapias.
“Me hicieron una cuadrantectomía que me afectó dos ganglios. Fue un proceso muy largo, duro y fuerte. Estos tratamientos lo vuelven a uno muy débil, muy sensible”, relata.
La enfermedad la hizo alejarse de la plaza de mercado y dejar la economía de su familia a cargo de su esposo que trabaja como obrero independiente, su hijo y su hermana mayor, a quien agradece su apoyo incondicional.
“En ese momento me tocó dejar el negocio y guardar mucho reposo. Porque hay que alejarse de los malos olores, los animales, las plantas. Toca tener mucho cuidado hasta con la alimentación. Mi esposo, mi hermana y mis hijos me ayudaron mucho y me cuidaron. Siempre estuvieron conmigo”, afirma.
Gloria Esperanza dice que inició en el comercio de las frutas desde muy pequeña porque su mamá, quien murió hace 32 años de cáncer de colón, trabajó en la Plaza de Mercado de Fontibón: “Desde que tengo uso de razón he trabajado en esta plaza. Mi mamá tenía un negocio de frutas y cuando ella murió, mi hermana lo cogió, ella es hoy la dueña del negocio”, cuenta.
A ella, le pasó lo mismo que a toda mujer que sufre esta enfermedad. Perdió el cabello. Hoy aunque sigue tomando quimioterapia oral, afirma que está sana: “Ya Dios me ha sanado, él me ha ayudado a llevar esto, hoy tengo la tarea de ser un testimonio del milagro que se ha hecho en mí. Dios me ha dado el don hermoso de la fe”.
Ya retomó la venta de frutas en el módulo 229 de la Plaza Distrital de Mercado de Fontibón, siempre utiliza el uniforme color café claro y una cinta rosa, como símbolo de la lucha contra esta enfermedad, que cobra la vida de 2.600 mujeres cada año en Colombia, según la Organización Mundial para la Salud y la Liga Colombiana contra el Cáncer.
Cuando una mujer se acerca a su local no duda en recomendar las frutas que, según ella, suben las defensas en este tratamiento: el kiwi, los frutos rojos, el agrás, la uva Isabella, el arándano y la guanábana.
A Gloria Esperanza Rocha Garay nadie la detiene, ahora ella se encarga desde su plaza de mercado de ser la mensajera de la lucha contra esta enfermedad: “Lo importante es uno mismo hacerse el examen antes del periodo y después del periodo. Cualquier bolita o granito que se sientan no duden en ir al médico. Así sea una falsa alarma es mejor ir. Hay que dejar la pereza. Y a ––las mujeres que ya tienen esta enfermedad les digo que no renieguen. Como dice el dicho “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Debemos abrazar el cáncer de seno. Es difícil, pero hay que salir adelante y tener en cuenta que Dios existe. Yo soy una muestra de eso, aquí estoy dando mi testimonio de fe y de sanación”, afirma Gloria Esperanza.
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