Cuando una mujer embarazada tuvo que ser trasladada en ambulancia a otro hospital, Andrea Leal, vendedora informal en Bogotá, decidió acompañarla.

Andrea Leal trabaja desde hace cuatro años cerca del Centro Médico Quiroga, en Bogotá. / Fotografía: IPES
La mujer estaba sola y no tenía quién fuera con ella, así que Andrea dejó encargado el mobiliario semiestacionario donde trabaja cerca del Centro Médico Quiroga y se subió a la ambulancia. No eran familiares, ni siquiera se conocían.
Escrito por: María Hernández Cárcamo
"Ella estaba ahí, sola, sin nadie, entonces yo supe que tenía que ayudarla de alguna manera y me fui con ella. Lo importante era que estuviera bien", recuerda Andrea, una vendedora informal de 43 años que trabaja desde hace cuatro años en ese punto.
Todos los días, desde allí, ve pasar pacientes, familiares y trabajadores de la salud. Algunos llegan por un tinto, una aromática o algo para comer, otros se quedan un rato. Andrea tiene una silla junto a su puesto y, a veces, quienes llegan, terminan sentándose a conversar.
"Uno ve aquí de todo, y las personas encuentran en mi puesto un espacio para comer o simplemente hablar", cuenta.
Por eso ha conocido historias de alegría, pero también de personas que llegan preocupadas, enfermas o solas. Y fue precisamente una de esas situaciones la que terminó llevándola, por unos minutos, fuera de su puesto y dentro de una ambulancia.
Andrea conoce bien lo que significa tener que encontrar la manera de salir adelante. Durante un tiempo trabajó en una empresa, pero cuando tuvo a sus tres hijos esa opción se volvió difícil de sostener.
"Me quedaba muy difícil trabajar en la empresa porque los niños eran muy pequeños y no tenía quién los cuidara", recuerda. Entonces encontró en las ventas informales una manera de trabajar y, al mismo tiempo, estar pendiente de ellos.
Hoy, Andrea tiene tres hijos. El mayor, de 23 años, está vinculado al sector del transporte, su hija está estudiando para ser auxiliar farmacéutica y el menor tiene 12 años y está en el colegio. Además, también ayuda a sus padres. Las ventas han sido el sustento con el que ha logrado responder por su familia.
Sin embargo, aunque este trabajo le ha permitido salir adelante, Andrea tiene claro que no quiere que sus hijos tengan que enfrentar las mismas dificultades que ella ha conocido en la calle.
"No, yo no quiero. Es que la calle es difícil. Quiero que mis hijos se preparen y tengan la oportunidad que yo nunca pude tener", dice.
Y esa es una de las razones por las que sigue trabajando. La calle le ha dado el sustento para su familia, pero también le ha enseñado lo que significa pasar largas jornadas bajo el sol o la lluvia y enfrentar situaciones que no siempre son fáciles.
"La calle enseña muchas cosas. Es de resistir y aprender de ello. Yo siempre he dicho que los vendedores informales somos unos guerreros porque con esto sacamos adelante a nuestras familias".
Hace cuatro años, Andrea llegó al mobiliario semiestacionario en el que trabaja actualmente. Desde entonces, ha participado en diferentes procesos de formación gracias al Instituto para la Economía Social - IPES. Ha hecho cursos relacionados con manipulación de alimentos y emprendimiento, y ha aprendido a utilizar herramientas digitales que antes no manejaba.
Para Andrea, estos espacios han sido una oportunidad para seguir aprendiendo. "El IPES me ha abierto muchas puertas, nunca esperé tener un lugar propio, ya tengo mi clientela, me gusta lo que hago y la gente me valora".
Su historia, sin embargo, no termina en el puesto donde hoy trabaja. Andrea todavía tiene un sueño por cumplir: tener su propio local, pero mientras esto sucede seguirá cerca del Centro Médico Quiroga, preparando tintos y atendiendo a quienes se acercan. Algunas personas llegarán únicamente a comprar algo, otras se sentarán a conversar, y quizá alguna necesite más ayuda de la que esperaba encontrar en una vendedora informal.
Porque, después de todo, ese pequeño puesto no solo se ha convertido en el lugar desde el que Andrea sostiene a su familia, también es el lugar desde el que, todos los días, sigue encontrando la manera de estar para los demás y de trabajar para que sus hijos tengan las oportunidades que ella nunca tuvo.
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