Las manos de Luz Mary Rodríguez no pasan desapercibidas. Las uñas conservan manchas que no salen fácilmente y los dedos llevan pequeñas marcas que han dejado los años de trabajo entre flores, cuchillos, alambres y tallos.
Son manos que han armado miles de arreglos florales, coronas y ramos, pero también son las mismas manos con las que ayudó a sacar adelante a su familia y construyó una vida alrededor de un oficio que conoció desde niña.
Escrito por: Mária Hernández
A sus 63 años, Luz Mary sigue llegando cada día a la floristería Las Monitas, ubicada en el Punto Comercial Flores de la 26, administrado por el Instituto para la Economía Social - IPES. Allí trabaja desde hace 16 años junto a su hermana Marta Yaneth, a quienes muchos clientes las llaman “Las monitas”.
Quienes la conocen saben que conversar con Luz Mary es escuchar varias historias al mismo tiempo. Puede empezar hablando de un arreglo floral, pasar a un recuerdo de su mamá y terminar contando alguna anécdota de un cliente.
“A mí me alegra mucho cuando vuelven los mismos clientes. Hay familias a las que primero les hice los arreglos para un matrimonio y, años después, regresaron para celebrar los quince años de la hija. Ahí es cuando uno siente que el trabajo quedó bien hecho”.
Las flores han estado presentes en su vida mucho antes de que ella imaginara que terminarían convirtiéndose en su proyecto de vida. Su abuela trabajó en este oficio, después lo hizo su mamá, quien durante años se dedicó a vender flores en la localidad de Los Mártires. Más adelante llegaron ella y su hermana, acompañándola durante largas jornadas de trabajo.
Por eso sorprende escucharla decir que, cuando le llegó el momento de hacer su primer arreglo sola, sintió que no sabía hacerlo: “Yo crecí viendo trabajar a mi mamá, ayudándole en muchas cosas, pero una cosa era verla trabajar y otra muy distinta hacer los arreglos uno mismo”.
La prueba llegó el día que un cliente le pidió una corona fúnebre. Luz Mary intentó convencerlo de que buscara otra persona porque no estaba segura de poder hacerlo. “Yo le decía que no sabía hacer coronas, que mejor fuera donde una compañera, pero él me respondió que no, que quería que la hiciera yo”.
Marta Yaneth y Luz Mery, las dos mujeres detrás del local Las Monitas. / Fotografía: María Hernández
Aceptó el trabajo con más miedo que confianza, pasó horas haciéndolo y, cuando terminó, quedó convencida de que había hecho un desastre. “Yo veía eso y decía: ‘Qué vergüenza’”. Pero ocurrió lo contrario. Cuando el cliente regresó observó el arreglo durante unos segundos y le dijo una frase que, más de cuatro décadas después, Luz Mary todavía recuerda de memoria: “Usted tiene manos de artista”.
Ella asegura que nunca olvidó esas palabras. No porque desde ese día dejara de sentir miedo, sino porque fueron el impulso que necesitaba para confiar en un talento que había visto toda la vida en las manos de su mamá, pero que todavía no reconocía en las suyas.
Con esa confianza llegó también la decisión de seguir el camino que habían recorrido su mamá y su abuela. Hace 16 años, ella y su hermana encontraron, gracias a las alternativas comerciales del IPES, un espacio para continuar esa tradición familiar y convertirla en el proyecto de vida que hoy siguen construyendo.
Durante ese tiempo no solo ellas cambiaron, el sector también lo hizo. Luz Mary ha visto transformarse la avenida Caracas con la llegada de TransMilenio y ahora observa cómo avanzan las obras del Metro de Bogotá.
Al mismo tiempo, el negocio también evolucionó. Las coronas, que durante años fueron el principal sustento por la cercanía con el Cementerio Central, dieron paso a arreglos para matrimonios, cumpleaños, grados, empresas y toda clase de celebraciones.
Hay clientes que la buscan desde hace años. Otros llegan porque alguien les recomendó a ‘la mona’, y también están quienes regresan convencidos de que nadie más les entiende tan bien la idea que tienen en la cabeza cuando quieren regalar flores.
“Yo puedo hacer esto con los ojos cerrados”, dice con la tranquilidad de quien lleva toda una vida perfeccionando el mismo oficio y aunque ese conocimiento le ha permitido ganarse la confianza de sus clientes, hay un logro del que habla con mucho más orgullo que de cualquier arreglo floral: Su hijo.
“Por medio de este trabajo le di estudio a mi hijo. Hoy es ingeniero electricista y eso me llena de orgullo porque todo salió de aquí, de las flores”.
Quizás por esa misma razón nunca ha considerado dejar este oficio, aunque su hijo se lo pida constantemente. “Él me dice: ‘Madrecita, quédese en la casa’. Pero yo no me veo en eso, ya uno está acostumbrado a venir, a trabajar, a hablar con la gente. Este lugar ya hace parte de mi vida”.
Y tal vez tenga razón. Porque las manos de Luz Mary ya no solo saben cómo hacer un arreglo, también llevan escrita la historia de una mujer que heredó un oficio, encontró en él una manera de salir adelante y todavía, a sus 63 años, sigue llegando cada mañana a hacer lo que más le gusta.

Luz Mary Rodríguez elabora arreglos para matrimonios, cumpleaños, grados y toda clase de celebraciones. / Fotografía: María Hernández
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