La venta de las vísceras de la res: el hígado, el corazón, el bofe, la lengua, el callo, el menudo, el chunchullo, los riñones, el pulgarejo y el lomo, hace que José Alfredo Jerez Galeano sea hoy un comerciante exitoso en la Plaza Distrital de Mercado Kennedy.
Lleva más de 27 años administrando su negocio: Vísceras Jerez. Al día realiza más de 50 domicilios, tiene 7 empleados y es muy famoso no solo por la calidad de sus productos, también porque es muy cumplido.
“En esta plaza nos ha ido muy bien a muchos. Mi secreto ha sido la seriedad con que tomo este trabajo. Acá somos puntuales y el producto es de calidad. Yo les exijo a mis empleados para que tengan una buena presentación. Y obviamente para que se cumplan todas las normas que exige el Invima y Salud Pública”, dice.
El progreso de su negocio ha sido, entre otras cosas, porque mantiene satisfechos a los clientes, proveedores y a sus empleados.
“Inicié con algo pequeño, como lo hemos hecho casi todos. La venta de las vísceras me ha dado para tener un negocio serio. Los proveedores me fían y yo cumplo. Y si mantengo a los empleados satisfechos, ellos trabajan y producen bien”, afirma.
Nació en la vereda Palo Blanco Bajo de Santander. Tuvo cuatro años de estudio. Para llegar a las aulas de clase tenía que caminar una hora y media descalzo por una carretera destapada, “si se dañaban las alpargatas me pegaban, entonces era mejor ir al colegio descalzo, porque si uno se pegaba un tropezón o se cortaba, eso sanaba, pero si se rompía las alpargatas, uno cómo los remendaba”.
Inició en la venta de carnes cuando se dio cuenta que este trabajo disminuía el número de noches que no tenía para comer él y su familia.
“Cuando yo tenía 12 años trabajaba vendiendo quesos y aguantaba mucha hambre, era una comida al día y ya. Y en algún momento, un hermano que trabaja vendiendo vísceras me llevó y ahí me di cuenta que todos los días él tenía para comer porque unos días llevaba chunchullo, otro día llevaba a la casa carne de cadera, pata… todos los días había algo para comer. Eso hizo que trabajara con él y que durará 6 años de empleado”, comenta Jerez.
Se independizó y trabajó en el Matadero Central en Bogotá, un amigo le habló de la Plaza Distrital de Mercado Kennedy y fue allí donde tomó la decisión de vender vísceras y generar empleo.
“Inicié con algo muy pequeño, vendiendo 3 vísceras. Empecé yo solo y a los seis meses tenía un empleado. Poco a poco fue creciendo el negocio. Y así he tenido hasta 15 empleados. En este momento tengo 7 empleados. Me gusta generar trabajo porque creo que así el país mejora”, dice.
El señor Jerez, al igual que muchos comerciantes, ha sido testigo del cambio que ha tenido la Plaza Distrital de Kennedy: “Cuando yo llegué este lugar estaba muy mal, los pisos eran sucios y quebrados. Pero desde que el IPES la administra, ha mejorado mucho, se nota el cambio. Ahora tenemos que poner de nuestra parte, debemos ponernos uniforme, gorro, estar muy bien presentados para que las personas hagan el mercado acá muy tranquilos”.
Vive muy agradecido por lo que vende en el mostrador de la Plaza, por los domicilios que a diario despacha en moto o en bicicleta a diferentes restaurantes, famas y piqueteaderos.
Espera que Vísceras Jerez quede en manos de su único hijo y así vivir una vejez tranquila al lado de la mujer con la que lleva más de 30 años de compañía.
Oficina Asesora de Comunicaciones
INSTITUTO PARA LA ECONOMÍA SOCIAL - IPES
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